El Interventor (primera parte)*

Radio-Cut. Radio Metro. Programa No somos nadie. Conduce Juan Pablo Varsky. Día 9 de abril de 2015. 08.49 horas.
Frank Sinatra canta en vivo en el Luna Park “New York New York”
Varsky: ¿Así que dicen que canta a reglamento? ¡Tomá! New York, New York de Frankie, Frankie “Blue Eyes”, en el Luna Park, en Buenos Aires, año 1981. Mi papá fue a verlo en el ’81. También a Tony Bennett que vino al tiempito. “Yo estuve en el Luna Park” – dice Miguel Bordoni – “recuerdo que a mi lado, en la grada, estaba la cantante Manuela Bravo”. Se han desatado un montón de anécdotas en relación a cómo Palito Ortega financió la venida de Sinatra, que le costó un millón de dólares, cuando la tablita de Martínez de Hoz comenzó a desintegrarse. Ya no estaba Martínez de Hoz, estaba Lorenzo Sigaut. Después, llegaría Jorge Wehbe, de los últimos Ministros de Economía de la dictadura militar. Pero, ya la tablita… Que no sólo hizo pelota a Palito Ortega, sino a los clubes argentinos, por ejemplo Boca, arruinado cuando compró a Maradona. Ni siquiera la venta a Barcelona lo salvó. A Boca lo salvó Federico Polak, que fue el interventor, luego Alegre y Heller pero, Federico Polak fue fundamental para entender por qué Boca no desapareció en aquel 1984 con un partido en el que jugó, por ejemplo con remera blanca y los números marcados por fibra, con fibrones, además de la huelga de profesionales… Lo de Alegre y Heller fue fundamental pero, antes la gestión del interventor, Federico Polak – que después fue vocero de Raúl Alfonsín -, fue (pero) clave para entender el rescate. Boca casi no la cuenta, eh. Otra que la Síndico Liliana Ripoll diciendo “Racing dejó de existir”, en el ’99. En el ’84, Boca estuvo muy cerca de desaparecer pero, muy cerca.
Otra voz: Hay que ver si eso está en la película que se va a estrenar de Boca en agosto.
Varsky: Ojalá. La historia es muy injusta con Federico Polak, la historia de Boca. Claro, porque no fue presidente, fue interventor. Pero, fue fundamental en aquel inicio del rescate.
Doblete, hoy: de gobernar bien con Frank Sinatra en Argentina. Año 1981. “My way”, primero y “New York”, después… Parecía que no tenía ganas de cantar pero, después dijo: “Muchachos, para esto me pagaron” y la rompió.

Radio-Cut. Radio Metro. Programa No somos nadie. Conduce Juan Pablo Varsky. Día 3 de mayo de 2018. 08.49 horas.
Federico Polak fue vocero de Raúl Alfonsín y además fue el salvador de Boca. Polak salvó a Boca de su desaparición, evitó que esto pasara

NOEL

El Puma se agota. Está “groggy”, en la lona. Recibe el “knock-down blow” que ni siquiera Panzeri pudo darle. No puede luchar contra tantas calamidades juntas: la mala ley de la Ciudad Deportiva que impone obligaciones abusivas a Boca, el hostigamiento del gobierno militar, la hiperinflación, la incomprensión de la pequeña dirigencia, los enfrentamientos que provoca su arrebatada personalidad, ciertos episodios oscuros que no puede explicar.
Con él, el club tambalea. En el plano deportivo llega a su fin el majestuoso ciclo de Juan Carlos Lorenzo. Con Antonio Ubaldo Rattin como director técnico, Boca fracasa. Apenas es séptimo en el Campeonato Metropolitano de 1980. Su campaña es mediocre. Ni siquiera clasifica para la ronda final del Campeonato Nacional. Armando pasa gran parte del año 1980 de licencia, deteriorado en especial por el enfrentamiento con el poderoso vicepresidente de la FIFA y presidente del EAM, Almirante Carlos Lacoste. Llegan las elecciones de recambio de autoridades. Lacoste no permanece ajeno. Lejos de quedarse quieto, se inmiscuye en la vida interna de Boca. Apoya a Pedro Orgambide en contra de El Puma. Muy desgastado, Armando no se postula, pero arma lo que supone será la conducción que lo suceda, una lista propia que encabeza su amigo personal, el hacendado Miguel Marcos de Riglos, secundado como candidato a vicepresidente por su eterno secretario, Luis Bortnik. Los resultados son catastróficos. En las elecciones del 14 de diciembre votan 9289 socios. De Riglos apenas alcanza el 16,41% de los votos, ocupando el tercer lugar. Queda claro que el armandismo no existe. Armando es incapaz de trasladar su caudal político a otros dirigentes. Si él no es el nominado, su fracción pierde. No existe el armandismo como alternativa ganadora.
La elección se resuelve, principalmente, por los votos del barrio. La agrupación La Bombonera, liderada por Pablo Abbatángelo, el Pirulo, nieto de Camilo Cichero, el presidente desplazado -como se verá- en los años treinta por el yerno de Agustín P. Justo, es dueña históricamente de gran parte del caudal de votos en La Boca. Con ellos, gana la elección.
Abbatángelo es un férreo opositor a Armando desde hace veinte años. Finalmente consigue su objetivo. Integra la conducción del club para el período 1981/83, aunque no vaya en la lista como presidente. Las nuevas autoridades prometen recuperar la gloria que se desvanece. Pero lo que hacen es iniciar el proceso que terminará poco menos que destruyendo el club.
Quien sucede formalmente a Armando es Martín Benito Noel, acompañado como vicepresidente por Abbatángelo. Noel es argentino nacionalizado, nacido en Madrid. Viene de desempeñarse como representante argentino en el comité organizador de la Copa del Mundo de Alemania 1974, vicepresidente de la comisión organizadora del Mundial de la Argentina de 1978. Representará a la AFA en la FIFA más adelante. Es también –como su predecesor- empresario, presidente de la Asociación de Fabricantes de Dulces, Conservas y Afines, y de la Federación de Productos Alimentarios.
Bajo la conducción de Noel, iniciada en 1981, Boca adopta una serie de decisiones inesperadas, ajenas al sentido común y a las reglas básicas de una sana administración. No nivela el desequilibrio económico, se avecina la cesación de pagos –el club que entrega Armando no pasa precisamente por su mejor época en lo económico- pero no tiene la prudencia de un buen administrador. Por el contrario, Noel empuja a Boca al abismo. Además de la situación particular del club, al tiempo de su asunción resulta evidente para cualquier observador que la política económica de la dictadura (llamada por entonces Proceso de Reorganización Nacional) muestra fuertes señales de agotamiento. A la caída de más de 20 entidades financieras, el desempleo, la recesión, se suma un episodio trágico para el país, en especial para sus clases medias y para los trabajadores: la tablita cambiaria instrumentada por el Ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz desde 1976, colapsa, lo que produce un fuerte impacto social. El 3 de febrero de 1981 (casi de inmediato a la asunción de Noel), Martinez de Hoz preanuncia el final: devalúa el peso en un 10% con relación al dólar. Un nuevo ministro –Lorenzo Sigaut- toma las riendas de la economía en marzo de ese año, y en abril devalúa masivamente el 35% sobre aquel 10%. Esto inicia al fracaso final de la dictadura. La dirigencia política, hasta entonces adormecida, reacciona. Constituye ese año la Multipartidaria, y luego gana la calle el último día de marzo de 1982, antes de la Guerra de Malvinas, cuya pronta derrota empuja a los militares a convocar a elecciones.
Contraer compromisos en dólares en esas condiciones es un desatino. Lo saben en especial los núcleos empresarios y financieros a los que Noel pertenece. Es secretario de la junta de la UIA (Unión Industrial Argentina) al momento de asumir la presidencia del club.
Sin embargo, Noel busca el éxito deportivo irresponsablemente. Se distrae de los problemas económicos. En él, el hincha puede más que el administrador. Para peor, actúa bajo la influencia de otro hincha aún más fanático, Abbatángelo. Dolariza las adquisiciones de los jugadores y sus contratos, compra al jugador del momento, uno de los grandes de la historia, Diego Armando Maradona, a Argentinos Juniors. En una operación inusual, Boca compromete una inversión cercana a los U$D 10.000.000, récord para la época. También contrata a otros jugadores de renombre (Carlos Manuel Morete, Ariel Krasouski, Marcelo Trobbiani) pactando sus primas, sueldos y premios en esa moneda. Incluso los contratos de Oscar Ruggieri y Ricardo Gareca, provenientes de las divisiones inferiores, se dolarizan. Por el pase de Maradona, Boca apenas alcanza a abonar el 25%. Se desencadena un conflicto con Argentinos Juniors, que sale bien parado de la operación. Boca, no. Transfiere al jugador al Futbol Club Barcelona en 1982, perdiendo íntegramente la inversión realizada, más la yapa del desprestigio. Barcelona se encarga de cancelar el remanente de la deuda (alrededor de U$D 7.500.000) a Argentinos Juniors. A Boca no le queda nada, salvo la alegría del campeonato de 1981, que obtiene en la última fecha al empatar con Racing en La Bombonera 1 a 1.
El club paga por el desatino un precio devastador. La caída de la tablita tiene un efecto parecido al de la caída de la convertibilidad en 2001, aunque el ruido que produce es notoriamente menor, porque al gobernar una dictadura no es posible salir a la calle a manifestar, o a saquear negocios y supermercados.
En paralelo a la tozudez de Noel y de Abbatángelo que tanto daño produce a Boca, curiosamente la tablita también se lleva puesto a El Puma como empresario junto a su socio ocasional Norberto Cafiero.
“Por Boca perdí tres fortunas ganadas con los autos. La primera en 1970, y Luis Bortnik, ya lo mencioné como un gran secretario y mejor amigo, me lo anticipó; también le pasó a él por darle su tiempo a Boca. Yo le estaba dedicando doce horas diarias a la Ciudad Deportiva, en la creencia de que todo andaba bien en mi Concesionaria, pero en verdad alguna de la gente que me rodeaba no eran tan leales como suponía. Resultado, después de 46 años tuve que dejar la Ford, y empezar de nuevo con un préstamo de un millón de dólares que me dio la Chrysler para que me pasara a Dodge (ahora Volkswagen). La segunda (también Antonio Liberti perdió dos fortunas), es mucho menor, cuando me dedico enteramente a ganar la Copa Libertadores. En 1977. No digo que la Copa se gane con plata, pero hay que trabajar mucho. Entonces tuve un disgusto tremendo con mi primera esposa, malvendí un piso en la Avenida del Libertador para poner la plata en Boca y eso me creó una difícil situación personal. La tercera y la última, porque espero no perder otra fortuna, es más reciente: tuve que entregar la propiedad de Avenida La Plata y venirme a esta de la calle Carabobo, en Flores, que es lo único que me quedaba. Esta es una situación de arrastre, un poco por Boca y un poco por culpa de la famosa tablita de Martinez de Hoz. En esa época Norberto Cafiero (hermano de Antonio) y yo teníamos en sociedad la importación y distribución en la Argentina de los autos Mitsubishi. Los primeros meses ganábamos tanta plata que yo estaba asustado; si hubiera seguido así hoy Boca tendría tres estadios: el que está pendiente en la Ciudad Deportiva, otro para entrenamiento y otro para diversión de los socios. Traíamos 1.599 autos mensuales y el crash de la tablita nos agarró con 9.000 autos en los galpones de Llavallol. El promedio a pagar era 25.000 dólares por unidad, y aquí los tuvimos que vender a 15.000 o 18.000 dólares. La pérdida fue de cincuenta millones de dólares: a mí personalmente me costó trece millones, porque no tenía más; el resto lo pagó Norberto”.
Diego Fucks (en “El Libro De Boca”) resume: “después de la fiesta del campeonato obtenido en 1981, hubo que pagar las deudas”.
Boca no revalida ese título durante los dos años que restan de la gestión Noel. Realiza giras cuando aún cuenta con Maradona, en las cuales la retribución al club está vinculada a la presencia del crack, a quien debe pagarle por adelantado antes del comienzo de cada partido. Después de su venta, en 1982 ni siquiera clasifica para la segunda ronda del Torneo Nacional, y en el Torneo Metropolitano es tercero. En 1983 cambia constantemente de director técnico –4 en un año- continuando su mediocre desempeño deportivo. El estadio queda clausurado por la AFA como sanción al asesinato de un hincha de Racing mediante una bengala arrojada por La Doce durante un partido nocturno.
En lugar de aprovechar la azarosa circunstancia que vive su eterno rival, River, que en 1983 va a perder la categoría pero se salva por un cambio de sistema de descensos en los promedios, durante la presidencia de Noel se incuba el huevo de la serpiente cuyo veneno aflorará indisimuladamente en 1984, el año del desastre. El año de la desunión y el estallido público y violento de viejos conflictos. El año en que los dirigentes se escapan, dejan el club vacío, a la deriva. Un año repleto de cientos de reclamos judiciales y extrajudiciales, que incluyen, claro está, los derivados del incumplimiento de la construcción del estadio en la Ciudad Deportiva.

CORIGLIANO

Frente a la crisis, Armando reaparece. Junta su tropa. Informa a los dirigentes que en lo personal atraviesa por una mala situación patrimonial que le impide volver a hacerse cargo del club. Anuncia que sucederá a Noel como presidente aquel que aporte un millón de dólares a Boca, suma que estima suficiente para afrontar el pasivo inmediato. En una reunión –Armando sigue siendo el jefe- pregunta quién los tiene. Después de un largo silencio, uno de los presentes levanta la mano y asegura que él dispone de los fondos. Es Domingo Corigliano. Armando contesta: “Ud. será, entonces”.
Sucede que el millón no está. Es solo una promesa de Herminio Iglesias, candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, que lo entregará al club después de ganar en octubre, favorecido por una posición de poder. Lo hará con dineros públicos. Verá cómo. Cuando la formula su promesa es poco menos que una realidad. El peronismo no puede perder, menos aún en la Provincia de Buenos Aires.
Pero Iglesias pierde, lo arrastra el huracán radical de Raúl Alfonsín.
A la irresponsabilidad de Noel la sucede una mayor, gravísima, encarnada por un hombre –Corigliano- que termina de hundir a Boca. Lo hace con ineptitud, incapacidad y atropellamiento. Afirma que tiene lo que no tiene –el millón de dólares-, y cuando ejerce el cargo de presidente exhibe una inusitada soberbia y un inaudito atolondramiento.
Corigliano es elegido el 11 de diciembre de 1983, un día después de la asunción de Raúl Alfonsín. Y también de la de El Titán Alejandro Armendariz como gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en lugar de Iglesias. Votan muy pocos socios (sucede que Boca tiene muy pocos socios en 1984). Obtiene 2609 votos contra 2293 de Pastor Oscar Magdalena. Tercero es Luis Conde con 611. Conde es un perdedor eterno, a quien la vida le ofrecerá un tardío desquite cuando aparezca por el club Mauricio Macri.
Corigliano al asumir conoce el estado de situación de Boca. Ha integrado la Comisión Directiva de Noel. No es que aterriza en un campo minado que le es desconocido. Proclama que rehabilitará el estadio para dejar de pagar alquileres a otros clubes cuando Boca juega como local. El 27 de mayo, vuelve a La Bombonera contra Unión y gana 1 a 0 con gol de Omar Porté. Es una vuelta efímera. Los jugadores chocan permanentemente con el presidente porque éste promete pagarles y no lo hace. Guillermo Cóppola representa al plantel, a partir de su relación profesional con Gareca y Ruggeri, que juegan por segundo año consecutivo por el 20 por ciento, quedando en consecuencia libres el 31 de diciembre si no se encuentra una solución. La Comisión Directiva suspende sin causa alguna por 30 días a José Orlando Berta y también al capitán El Cacho Carlos Córdoba, y por 12 a los demás integrantes del plantel. La huelga se estira una semana más. Los jugadores se entrenan en los bosques de Palermo. Corigliano pide licencia por 60 días, el tesorero Héctor Martinez Sosa rehúsa sucederlo y por el sistema de voto de aplauso se elige presidente al Secretario General, Cándido Vidales. Boca juega de local en todas partes, porque no tiene cancha.
Corigliano regresa. El atolondramiento permanece.
Aun cuando deportivamente 1984 comienza con una racha de triunfos en los partidos de verano, jugando por los puntos sobreviene un duro fracaso en el Torneo Nacional. Luego llegan 8 fechas consecutivas sin ganar en el Campeonato Metropolitano, racha adversa que se corta recién en un partido contra Unión, coincidiendo con la llegada como nuevo director técnico –técnico que debuta, gana-, del famoso jugador brasileño Dino Sani, con un contrato caro que el club no cumplirá.
Después, la debacle, que podría resumirse así: a) huelga de jugadores profesionales – antes, se recuerda, en 1982 permanecen 8 meses sin cobrar- que se entrenan en soledad en el Velódromo de los bosques de Palermo; b) los dos integrantes del plantel más cotizados (Oscar Ruggieri y Ricardo Gareca) en situación de jugadores libres por aplicación del Estatuto del Futbolista Profesional; c) la cuarta división juega en lugar de la primera en la Bombonera un partido contra Atlanta vistiendo camisetas blancas y números pintados con fibra, por carecer de una camiseta auxiliar. Los números se destiñen por la transpiración de los chicos, que quedan abochornados por el papelón (no es que Boca no tuviese camisetas suplentes, lo que no tenía es gestión, es una falla en la logística que determina que queden en La Candela, adonde se las busca desesperadamente para usarlas en el segundo tiempo) d) el personal del club se declara en huelga, tomando las instalaciones; e) son cortados por falta de pago servicios esenciales, como el de la electricidad: f) aparece un grupo de salvataje denominado Los Notables (Alberto J. Armando, Antonio Alegre, Carlos Heller, Luis María Bortnik, Delfor Otero, Antonio Cafiero, Juan Carlos Rama, Emilio Perina, Fernando Mitjans, Jesús Asiain, Oscar Pastor Magdalena y Miguel de Riglos) que nada hace concreto; g) asume Cándido Vidales como presidente por licencia pedida por Domingo Corigliano; h) se suspenden las obras emprendidas en el estadio que corre peligro de derrumbe, debiendo recurrirse a su apuntalamiento, pero a las empresas que realizan el trabajo no se les paga; i) aflora la sensación, casi la certeza que Boca va a desaparecer, idea que gana espacio en los medios de comunicación del mundo; j) la clausura de La Bombonera se suma a la suspensión del estadio, lo que obliga a afrontar los compromisos como local en los de Atlanta, Vélez, River (¡para un partido con River los dirigentes no tienen mejor idea que alquilar el Monumental donde Boca hace de local!; ¡En ese estadio en otro partido Boca pierde y emite un comunicado en el vestuario dejando entrever que vendrá la intervención!); k) programa una gira europea con el propósito de recaudar fondos, durante la cual sufre un ignominioso 9 a 1 de parte del Barcelona en el Camp Nou, humillación que hace que se cancelen por otros clubes algunos de los partidos programados; l) se ordena la subasta judicial de la Bombonera más de una vez; algún dirigente pone dinero para suspenderla, hasta que nadie aporta ya más nada n) Boca produce un deterioro indisimulable en el futbol nacional : su derrumbe no muestra atisbos ni intentos de solución; m) Corigliano trata de volver al cargo, son diarias las peleas continuadas, a las trompadas, entre los dirigentes, pese a los esfuerzos de alguno de ellos (Juan Carlos Osvaldo Rinaldi) para componer; o) finalmente, se producen la renuncia definitiva de Corigliano y las renuncias escalonadas de todos los demás, provocando que el 9 de noviembre, reunida lo que queda de la comisión directiva, en situación de vacancia, un Boca acéfalo decide solicitar al gobierno nacional la intervención del club.
Técnicamente Boca se encuentra al borde de la desafiliación. Incumple obligaciones básicas dentro de la organización del fútbol profesional. Aun si evitara la muy improbable desafiliación –la AFA jamás se atrevería a tanto- de todas formas podría perder categorías si se adoptaran medidas sancionatorias. El resultado de sus pobres resultados deportivos –el sistema de promedios de descenso favorece a Boca, viene de campañas mejores- se refleja en la desatención de las reglas básicas de cumplimiento de leyes relacionadas con la falta de solvencia, y el incumplimiento de los estatutos y reglamentos deportivos.
La prensa refleja diariamente en esos días no sólo los hechos que componen la trama, en la medida que se van sucediendo. También informan sobre la presión de los dirigentes de Boca para que el gobierno decrete la intervención del club, y que el interventor designado llegue con una bolsa repleta de billetes, dinero público, regalos navideños.
El día anterior a que la intervención finalmente se resuelva, uno de Los Notables, Jesús Asiain – dirigente capaz y honesto como pocos- moquea: “Estoy desconcertado porque Boca se está desangrando y las soluciones no aparecen”.
Una paradoja: aquel año, bello como ningún otro para la democracia, es para Boca Juniors el peor de su historia. El año que algunos hinchas memoriosos llaman, tomando como referencia la excelente película contemporánea de Peter Weir (1982), “El año en que vivimos en peligro”.

LA OTRA INTERVENCION

Un paréntesis: no es esta la primera vez que el estado nacional interviene en la vida institucional de Boca.
Hay otra, menos conocida, de trama diferente, en la cual la dirigencia de Boca actúa con decencia y lealtad (virtudes ausentes en 1984) frente a otro gobierno que exhibe con desparpajo su interés en hacerse del manejo de la institución.
Cuando Boca inaugura su estadio 6 de junio de 1924 jugando un partido amistoso contra Nacional de Montevideo, el invitado especial es el Presidente de la Nación Marcelo T. de Alvear, quien da el puntapié inicial. Concurre acompañado por su Ministro de Guerra, el General de Brigada Agustín O. Justo. Es un estadio con tribunas de madera que se yergue en el mismo lugar en que después se construirá “La Bombonera”.
Posteriormente, en 1931, Boca adquiere el terreno donde está la cancha. Evita el fantasma del desalojo que lo acosara desde sus inicios, que impulsara la imprudente decisión de cambiar de locación, yéndose de la Boca a Wilde. Boca es la Boca, no Wilde. En 1934 proyecta construir un estadio de los llamados “de cemento”, de estructuras de hormigón armado. Llama para ello a concurso de antecedentes, precios y oposición. Se lo adjudican quienes también contribuyen a la construcción del mítico Mercado de Abasto de Buenos Aires. En 1936 el presidente de Boca es Camilo Cichero, un médico del barrio, adalid principal de la construcción de “La Bombonera” que años más tarde llevará su nombre (hoy se llama Alberto J. Armando, paradojalmente en homenaje a “El Puma”, el hombre que la quería reemplazar). El constructor es un pionero de las estructuras de hormigón armado, el Ingeniero José Luis Delpini, a quien se le encarga levantar –sobre un reducido terreno- un estadio de tres caras, proyectando crecer en el futuro sobre las dos medias manzanas linderas.
En 1939 los recursos de que Boca dispone para las obras se agotan. Varios miembros de la Comisión Directiva han avalado con sus propiedades los préstamos contraídos para seguir adelante, incluida la casa de la calle Olavarría que Cichero construyera para su vivienda familiar en 1934, que hipoteca y así permanecerá hasta el año 1943. El 18 de febrero de 1938 es colocada la piedra inaugural del estadio con la presencia de aquel Ministro de Guerra, ahora Presidente de la Nación, Agustín Pedro Justo, quien afirma ser simpatizante de Boca, simpatía de la que algunos historiadores dudan.
Terminada la primera etapa –comprende la construcción de dos de las tres bandejas- Justo propone cumplir una etapa más, la tercera bandeja, antes de la inauguración, a través de un préstamo público. Sucede que en 1936 rige la ley 12345 que crea una Comisión Asesora para administrar el Fondo de los Deportes, que deben concretarse a través de decretos especiales. River por esa vía construye “El Monumental”. Boca necesita $ 1.600.00, va al Banco Nación a instrumentar el préstamo, pero el presidente de esa entidad, Jorge Santamarina, le informa que necesitan un garante y sugiere como tal al yerno de Justo, Sánchez Terrero, que pasa de la AFA a Boca.
Esto pasa porque ya ningún dirigente tiene patrimonio para ofrecer en garantía. Lo han dado todo. En 1984 habrá aportes de otros dirigentes o socios (Antonio Alegre y Héctor Martinez Sosa, por caso) pero ninguno que agote sus ahorros con conductas similares a los de aquella etapa de los años treinta.
Se consuma una intervención que no se origina en el dictado de un decreto o una resolución ministerial, sino que es impuesta a través de una sutil presión estratégica por parte del Presidente de la Nación.
Justo, a través de Santamarina, “sugiere” que su yerno, ex presidente de la AFA, – nombrado en la casa madre del futbol a instancias de él mismo- Eduardo Sánchez Terrero, ocupe el máximo cargo institucional en Boca como aval de que el préstamo se cancelará, ofrecimiento que adorna con un permiso excepcional para abrir la calle Pinzón y levantar el gigante de cemento en un terreno inapropiado –lo hace para reforzar el pedido, no por la indiscutida tradición xeneize del barrio- al tratarse de una vecindad de calles estrechas. Cichero acepta. Presenta su renuncia abriendo generosamente las puertas al progreso boquense. Su dimisión mueve a los demás integrantes de la Comisión Directiva a descender cada uno un puesto, para conservar para Cichero un escalón mayor que el propio, como se merece.
El 25 de mayo de 1940 es inaugurado el estadio bajo la presidencia de Sánchez Terrero y la vicepresidencia 1º de Cichero, con un triunfo de Boca sobre San Lorenzo por 2 a 1.
La injerencia gubernamental del gobierno conservador en la vida institucional del Boca con la designación de Sánchez Terrero como presidente constituye una intervención gubernamental disfrazada. Se consuma más o menos así: “o se pone este presidente, o no hay préstamo, ni Bombonera”. El gobierno designa un “interventor” acompañado con dineros públicos que se utilizan para terminar el estadio. En 1984 el gobierno nacional designará un interventor sin plata. Sánchez Terrero no tiene un asterisco que señale esa condición en la historia oficial del club (figura como presidente desde 1939 hasta su renuncia el 11 de octubre del año 1946), pero bien podría tenerlo. El de 1984 sí lo tiene.
Justo cree ser- ¿un oxímoron?- un general republicano. Se convierte en 1932 en el primer presidente elegido bajo el llamado “fraude patriótico”, circunstancia que determina que el mayor especialista de derecho deportivo del país – Gustavo A. Abreu- lo llame presidente de facto (“El fútbol argentino. Historia jurídico política de su organización”). Encarna, lo quiera o no, el triunfo de la elite sobre la chusma. La chusma es el estrato más bajo de la población, lo popular, heredad a la que la elite no llega. Justo es conservador, aunque pose durante el gobierno de Alvear de radical antipersonalista, que significa más o menos lo mismo. Su poder no tiene legitimidad, aunque luzca legalidad formal. Por sus características personales a esas carencias le sume otra: la ausencia de carisma. Quiere ser popular, acercarse a la chusma, pero no entra. Lo intenta, con método y paciencia, hasta el fin de sus días. Su muerte le impide ver como un compañero de armas más joven, Juan Domingo Perón, lo conseguirá poco después construyendo una relación eterna con las masas a partir del golpe de estado de 1943.
Una de las herramientas que utiliza Justo para acercarse a los sectores humildes es el fútbol. A principios de su mandato presidencial baja al vestuario de River Plate después de un partido y encara a Bernabé Ferreyra, el “Mortero de Rufino”, goleador excepcional, de enorme predicamento mediático y popular. Justo le dice “Así que Usted es Ferreyra. Quiero conocer al hombre que tiene más espacio en los diarios que el presidente”.
Sabe que los ídolos deportivos integran la cultura popular. Son más queridos y conocidos que los presidentes. O que la mayoría de los presidentes. Comparten con ellos el espacio público. Por esa razón pone a su yerno en la AFA primero, y en Boca después. Tiene un proyecto a futuro que quizás lo hubiera hecho célebre. Acuerda con Jules Rimet que la F.I.F.A. organice la Copa del Mundo de 1942 en Buenos Aires. Piensa que en esa circunstancia será popular y recibirá el abrazo de la gente. Por cierto sería un logro excepcional cuya concreción impide el estallido en 1939 de la Segunda Guerra Mundial.
Antes, en octubre de 1937, cuando le concede a River Plate $2.500.000 para construir su nuevo estadio de Núñez, “El Monumental”, porque “Los Millonarios” deben dejar obligados su vieja cancha de Alvear y Tagle, le da a River más que a Boca, aunque su historia personal quede ligada a la del club de la Ribera, que coloca su busto en la biblioteca de su sede social, y lo nombra socio honorífico. Esto también lo hace River, pero el busto no lo pone.

LA INTERVENCION DE 1984

La intervención de 1984 es resuelta el 29 de noviembre, 20 días después de la solicitud de Boca. La demora no es producto del desapego ni del titubeo. Conviven en el gobierno dos visiones respecto a cómo encarar el problema. Y a quién designar como interventor. O en todo caso qué características debe reunir la persona del interventor. Una de esas dos visiones, más jurídica que política, prevalecerá.
El Ministro de Educación y Justicia, Carlos R.S. Alconada Aramburú, sigue de cerca la situación de Boca, pero quien la atiende diariamente, por su competencia funcional y por su idoneidad personal en la materia, es el Secretario de Deportes, Rodolfo O´Reilly. Ambos están de acuerdo en hacer lugar al pedido de la intervención, no hay otro camino, los dirigentes de Boca se han escapado, el club más importante del fútbol argentino se derrumba, pero difieren en ciertos aspectos acerca de la forma que habrá a adoptar. La Secretaría de Deportes cree que la intervención deberá ejercerse con injerencia en el manejo de la política del club, reconstruir el estadio, rehabilitarlo, y luego de medio año, o el tiempo que en definitiva demande la tarea, reinaugurarlo ante una multitud, a cancha llena. Algunos de los integrantes de la cartera imaginan un partido ideal, Boca-River, con el presidente Raúl Alfonsín dando el puntapié inicial. Los integrantes de la Secretaría de Deportes son jóvenes, la mayoría rugbiers cercanos a la Junta Coordinadora Nacional, cuyo líder es Enrique Nosiglia (notorio hincha de Boca), van por el Tercer Movimiento Histórico, hay una impronta juvenil cuya rebeldía los coloca a la izquierda del partido gobernante. Hoy la mayoría –no todos, O´Reilly no- han abandonado sus sueños de transformación y cambio. Con el paso de los años, han perdido la identidad. Incluso integran el gobierno del PRO.
Deportes propone a Rodolfo Gordo Lucke como interventor. Recordado octavo de Los Pumas, ha sido asesor de Boca junto a Luis Lucho Gradín (medio scrum de la selección argentina) en el pasado. La Secretaría imagina una intervención política ejercida por un abogado que además sea deportista. Comparte con el Ministerio de Educación y Justicia la decisión del gobierno de no destinar dinero público para la recuperación del club. No es adecuado para conceder subsidios a un club de futbol, aunque se trate de Boca. Primero es necesario atender necesidades básicas de la parte de la población sumida en la desigualdad y la pobreza (Rodolfo O´Reilly lo sabe, dedica toda su vida posterior a temas relacionados con la cuestión social). Los militares han dejado el país al borde la ruina económica, con una inmensa deuda externa en default. La inflación continúa su marcha desbordada hasta que se detenga al implementarse el Plan Austral en 1985, aunque reaparecerá cuatro años después desaforadamente.
Para Alconada Aramburú el hecho central es que Boca se encuentra en cesación de pagos. Es una asociación civil sin conducción. Sus directivos han renunciado, encuadra en lo que jurídicamente se denomina “situación de acefalia”; el pasivo es imposible de afrontar a corto y mediano plazo; el personal no cobra sus salarios y ha tomado posesión del estadio, que corre riesgo de derrumbarse y se encuentra próximo a ser rematado judicialmente; el plantel profesional de fútbol va a quedar libre, disfumando lo poco que queda del patrimonio del club. Un cuadro de situación que a juicio del ministro debe manejar un timonel de su confianza –es primordial que así sea, el cargo trae consigo una gestión de alto riesgo, así lo recuerda hoy el ex puma Alfredo Soares Gache, por entonces integrante del equipo O`Reilly – que sea ajeno a la política xeneize, experto en situaciones de crisis, versado esencialmente en la materia de Concursos y Quiebras, y en conflictos propios de la vida interna de asociaciones y sociedades. Alconada Aramburú es uno de los juristas de derecho comercial más prestigiosos de su generación. Es la tercera vez que es ministro. Sabe que un tema tan espinoso y complejo debe resolverse sin detenerse a pensar en un posible –aunque improbable- rédito político.
Alfonsín habilita a su consuegro Alconada Aramburú para instrumentar la decisión. No porque emita un laudo a su favor. Lo hace porque respeta los mecanismos institucionales. La resolución del problema está en la órbita del Ministerio de Educación y Justicia, no en la de la Secretaria de Deportes, que de todas maneras seguirá su monitoreo diario por su competencia en materia deportiva.
Un asesor del ministro ha trabajado con él en el caso más trascendental de la historia judicial en la materia, relativo a la industria cárnea, la industria más importante del país para la época: la quiebra y extensión de la responsabilidad del Grupo Swift-Deltec. Es un político extrapartidario proveniente del desarrollismo que se ha incorporado al gobierno radical respondiendo a una invitación suya.
El ministro lo llama por teléfono a las cuatro y media de la tarde. “¿Que dice Federico, tengo el problema de Boca, vio?”. “Y sí, vi, ¿menudo quilombo, no?”.
El asesor conoce apenas el tema. No le ha prestado atención a pesar de ser aficionado al fútbol, que para él ha pasado a segundo plano. Vive con intensidad el primer año de la alborada democrática. Ha leído a la ligera los diarios que anuncian una inminente intervención.
Recuerda, al momento de la llamada del ministro, que algunos días mantuvo una reunión, concertada a través de conocidos comunes, con Pastor Oscar Magdalena, en unas oficinas cercanas a La Biela, en la Avda. Quintana. Recuerda la solicitud de Magdalena para que se tenga en cuenta su nombre al designarse interventor. Pide que lo nombren a él. Afirma contar con el aval de sus pares boquenses. Dice que encarrilará el club, contando con el apoyo financiero del gobierno. Asegura que la dirigencia de Boca lo apoya. Pertenece al grupo Los Notables. Dice haberse impuesto en la pulseada por el cargo con Antonio Alegre y Carlos Bello, y la reunión la mantiene a pedido de sus pares. Cree que el asesor del ministro conoce esa circunstancia. Invoca su condición de platense -como Alconada- y la circunstancia que ambos han nacido en el mismo año, 1920. Polifacético, empresario y periodista, va de la presidencia de Coca-Cola a la dirección de La Razón, como Charly García de la cama al living. Funcionario público en la Revolución Argentina (Lotería Nacional, Subsecretario de Promoción y Asistencia Social), presidente de la Cámara Argentina de Anunciantes. También de la dictadura: Presidente del Fondo Nacional de las Artes en 1981, y Secretario de Información Pública en 1982 y 1983.
El asesor piensa que esos antecedentes obstruyen cualquier posibilidad de que Magdalena sea designado por un ministro de la democracia.
El ministro enseguida agrega: “Es así Federico, es un desastre. Hay que ir y arreglarlo, dejar el pasivo ordenado, el club organizado, saneado. Cuando lo esté, reconstruir la dirigencia, ponerlos a todos de acuerdo, y una vez que lo estén, convocar a elecciones. Trabajo y mano firme. Que las autoridades elegidas después concursen el club. Sé que el concurso de acreedores urge presentarlo ya para evitar la quiebra, pero si lo pide judicialmente el interventor van a pensar mal de nosotros, como que lo hiciéramos por interés profesional, somos abogados, aunque renuncie públicamente a la percepción de los honorarios. Hay que evitar de cualquier manera el uso de esa medida hasta que se elijan nuevas autoridades. Que sea una intervención técnica, no política, ejercida por un abogado que sepa de concursos y de sociedades, un profesor destacado que además practique la profesión”.
No comprende al principio que le ofrece el cargo. “Claro, muy bien” contesta, pensando aceleradamente sobre si conoce a algún especialista vinculado a Boca. Ha acercado varios nombres de afuera del Poder Judicial para ser jueces, llenando vacantes, tantas veces como fue necesario. Alconada Aramburú invariablemente escucha y respeta su opinión. Hay un breve silencio y el ministro dice “¿Y, se anima, Federico, podría, qué le parece? Mire que no hay un peso, es un asunto muy complicado y feo, nos puede ir mal”. Ahí entiende. “Claro, doctor”. “Entonces vaya para la Secretaría de Justicia. Odriozola lo está esperando. Hágase cargo hoy, asuma ya. La resolución ya la firmé”.
Parte de inmediato a la Secretaría ubicada en la calle Gelly y Obes. En el camino no piensa en Magdalena, quien lo ha elegido como mensajero para pedir la designación, y el mensajero le birla el cargo.
En la Secretaría esperan el Secretario de Justicia, Carlos Odriozola, con varios funcionarios y el subsecretario de Deportes, Osvaldo “Mere” Otero. Con Odriozola se conocen de la cátedra y de la profesión. Es un excepcional jurista. Con Otero, de la facultad. Jugador de la tercera o cuarta de Racing, y de la primera del Hindú Club. Integra el equipo de rugbiers de la Secretaría de Deportes. Ubicados frente a una larga mesa de conferencias lo van imponiendo de la situación. De pronto a la Secretaria de Justicia entra un llamado de Sport 80, Radio Mitre, un programa de radio prestigioso para una época en que el periodismo deportivo –el periodismo en general- va perdiendo prestigio –lo perderá casi totalmente en el siglo siguiente- pero aún conserva dosis de seriedad. Sport 80, de todas formas, no alcanzará la excelencia de sus predecesoras, en especial de Fútbol al centímetro, donde Dante Panzeri, Pepe Peña y Osvaldo Ardizzone, todos ex El Gráfico, trasladan el lenguaje eximio de la redacción a la radio y crean –en especial Pepe Peña- un lenguaje futbolero que se repetirá por décadas (aún se repite) sin que quienes lo utilizan hoy siquiera sospechen de donde proviene. Pero para 1984 ya se han ido dos los tres. Panzeri en 1978, poco antes del Mundial, Pepe Peña en 1980; la pluma de un viejo Ardizzone todavía está vigente y seguirá vigente hasta 1987, año en el que dirá también adiós.
Alguien le ha pasado el dato de la intervención a la producción del programa, que obtiene la primicia. Odriozola pregunta si quiere tomar el llamado y dice, sin pensar, que sí. Hará muchas otras cosas sin detenerse a meditar en el torbellino feroz de los días que se avecinan. Tiene alguna gimnasia en hablar con periodistas políticos, pero no con periodistas deportivos. El programa de Sport 80 es un recuerdo grato para la radio argentina. Lo integran Víctor Hugo Morales, Fernando Niembro, Adrián Paenza, Marcelo Araujo, Alejandro Apo, Ricardo Ruiz, Tití Fernández, entre otros. Durante la conversación, Víctor Hugo parece el comandante de la tropa, y Niembro su segundo. Niembro, Araujo y Paenza, que junto a Néstor Ibarra iniciaran Sport 80 (sus trayectorias y destinos posteriores terminarán siendo tan diferentes como inimaginables) lo han buscado en Montevideo para hacerle la competencia a José María Muñoz con su Oral Deportiva de Radio Rivadavia, partiendo de la base de que para romper con el monopolio de José María Muñoz es necesario traer a alguien mejor que él. El Grupo Clarín, como grupo, aun no existe formalmente, porque rige el art. 45 de la Ley de Radiodifusión, que prohíbe que alguien sea dueño de un diario, y a la vez de una radio y de un canal de televisión. Pero Clarín ya es dueño de Radio Mitre, la maneja a través de testaferros. Incluso está prohibido trabajar en un diario y en una radio al mismo tiempo. Por esa razón un periodista clave de la época de la crisis de Boca se llama Hernán Díaz cuando escribe en La Razón, y usa otro nombre cuando a la par trabaja para Mitre.
Es un bombardeo de preguntas. Se pisan por preguntar. El programa se desmadra. Es un desorden, pero empieza con buen pie con la prensa. Eso es fundamental. Aún no ha asumido, pero el par de horas de información que le han ido suministrando instalan en la cabeza del interventor objetivos concretos, tan concretos que no hará otra cosa que dedicarse a ellos durante el ejercicio de la intervención. Los vuelca en el trabajo desgarrando el papel del envoltorio que prepara esa tarde. Un paquete que abrirá en los días subsiguientes. Desde que leyera los claros considerandos de la resolución ministerial de la designación, tiene conciencia de la grave situación de crisis terminal que vive la institución. Pero el inconsciente le indica que Boca se recuperará. Llevará años comprender que Boca no puede desaparecer, aun arruinado, técnicamente en quiebra, sin bienes ni plantel, sin nada.
De ahí va a La Bombonera para que el Inspector General de Justicia, Guillermo Ragazzi, lo ponga en funciones. Es de noche. A Ragazzi lo conoce de la cátedra también. Otro excelente jurista. Ragazzi está preocupado: teme que sean increpados por integrantes de la asamblea de representantes que se oponen a la intervención, o que aparezca la barra brava, la Doce, con el Abuelo y el Gitano a la cabeza, y los fajen mal. En cambio, él va tranquilo, no sólo porque sea naturalmente algo inconsciente, sino porque ante situaciones de crisis el camino es tomar decisiones inmediatas, y encarar a los interlocutores confrontando posiciones. Sabe que si adopta otro temperamento y duda, todo empeorará. Siempre es así.
No sucede nada de lo que atemoriza al Inspector. Llegan, les parece que hay poca luz, pero aun así divisan entre la penumbra a algunos socios de Boca, y a una nube de periodistas. Nadie los agrede o les pide que se vayan.
Asume con la convicción de que su condición de interventor es una prolongación de su cargo de asesor. Para él, el Ministerio de Educación y Justicia y Boca Juniors conviven en un mismo espacio: la esfera pública.
“Eran las 21.40 de la víspera cuando flanqueado por el Inspector General de Personas Jurídicas Guillermo Ragazzi y el presidente saliente Horacio Blanco llegaba a las escaleras de la otrora restallante “Bombonera” Federico Polak, (40 años, abogado, afiliado al M.I.D. candidato a diputado por esa agrupación política en las últimas elecciones, socio de Racing, casado, tres hijos y asesor del ministro de Educación y Justicia) nombrado interventor de Boca Juniors por Resolución Nº 2782 de la secretaría de educación y justicia. Lo esperaban los directivos renunciantes y algunos miembros de la Mesa de Representantes que hasta momentos antes de su llegada se oponían fervientemente a su designación y que, apenas llegó, intentaron” saludar y desear éxito al interventor”. Los primeros saludos y luego el diálogo que se había iniciado telefónicamente con La Razón cerca de las 19.45 horas”(La Razón 30 de noviembre de 1994).

LA GESTIÓN

Sabe qué debe hacer, pero deberá hacerlo solo. Sin plata ni equipo de trabajo. Debe evitar el remate de “La Bombonera” fijado para un puñado de días después, contener a los acreedores, resguardar el patrimonio –en especial manteniendo en el plantel a Ruggeri y Gareca para transferirlos después- reconstruir la dirigencia, convocar a elecciones, dejar preparado el concurso de acreedores. Evitar la desaparición del club que se augura como una muerte anunciada, pagar los sueldos de los empleados y de los jugadores, restablecer los servicios –la luz está cortada- desalojar las sedes ocupadas, todo a un tiempo.
De lo que no tiene idea es de lo solo que está.
“El interventor del fortín “La mitad más uno”, Federico Polak, oyó un coro de relinchos, mezclados con gritos de alarma y el andar de caballos…Presuroso, abandonó la habitación que había elegido como lugar de trabajo y salió al campo a ver qué ocurría. En el mediodía apenas si alcanzó a divisar una inmensa nube de polvo que se dirigía hacia el norte, otra nube también de polvo que se dirigía hacia el oeste… ¡Amalaya! –masculló don Federico Polak- A las zancadas se dirigió al mangrullo que se erguía como a unos treinta metros y, como un marinero de la conquista se trepaba por las jarcias para alcanzar la gavia. Don Federico llegó al minarete del mangrullo, se llevó una mano a la frente a guisa de visera y quedó desolado. Apenas si alcanzó a divisar las espaldas muy lejanas de muchas nubes de polvo que se perdían en la lejanía. ¡Vuelvan! –aulló- ¡Regresen, maulas! –volvió a aullar- . ¡No se vayan, c…! –gritó- . ¡No me dejen solo…! –musitó- . Alcanzó a distinguir algunas enseñas que le parecieron azul y oro, pancartas con inscripciones de tipo político. Creyó identificar en la polvareda a don Pastor Magdalena, el perfil inconfundible de Luis Bortnik, la pelada del pediatra don Pablo Abbatangelo; por otro lado, envueltos en otra polvareda galopaban Martínez Sosa, Alegre y Heller; en otra nube que se dirigía al este, el selecto grupo de los notables a cuyo frente marchaba el alazán japonés de don Alberto Jota. ¡Amalaya, cuantas nubes fugitivas! –se dijo deprimido don Federico Polak cuando los vio huir a Gareca, Ruggeri y Córdoba junta al federal Coppola-…Don Polak inclinó la cabeza sobre el pecho, como para mirarse adentro –según lo dijo el poeta- y se dio en reflexionar sobre la fragilidad de los hombres…pero apenas si le dieron tiempo para reflexionar. Unos estridentes alaridos se escucharon por el lado de las lomas…A poco otra nube –más gigantesca que la de los maulas que habían huido- se aproximaba amenazante… Don Federico se puso lívido ¡Un malón! Alcanzó a decir, y otra vez –un malón- dijo. Además de las expresiones feroces, los jinetes portaban pancartas rojas, como las que usa Furst Zapiola y Cía., junto a un martillo y unos papeles que llaman exhortos la gente de la jurisprudencia. Don Federico, aterrado, lanzó otra docena de amalayas, bajo la escalera del mangrullo precipitadamente y se zambulló en el interior del fortín, echando los goznes a todas las puertas y ventanas… ¿Y esta es la mitad más uno? –se preguntó desconsolado- … ¡Las cosas que se le ocurren a Alconada Aramburú y a Rodolfo O`Reilly…! Pero no me haré problemas, gobernaré solo a Boca y listo, aunque Racing se esté jugando el ascenso… ¿Y estos son los que quieren a Boca, que abandonan a “La mitad más uno” cuando llegan los indios y amenazan llevarse todo –volvió a preguntar Don Federico…
…oyó muy cerca el piafar de los caballos. Ya estaba allí. Alguien con un megáfono –no cito, trabajosamente, el nombre de Krasouski-…Eran los de Wanderers…Junto con los de Wanderers, anunciaron la presencia de Julio Grondona y Juan Pascual, presidente y tesorero de AFA –en estos casos siempre hay que agregar, respectivamente- …Como podía advertirse, era una embajada de paz…Entonces franqueó la entrada. Conferenciaron como personas hábiles, doy fe, y el fortín se salvó del remate… ¿Cómo se pagaría? Y fue en un inciso que se le oyó decir a don Juan Pascual, tesorero de AFA…”A mí no me preocupa darle plata a Boca en estos momentos, sí me alarma mucho que ni siquiera aparezcan 100 socios de Boca pidiendo una investigación de lo actuado por los últimos tres gobiernos (¿incluido el Proceso?) Nadie reclama, no hay movilización, parece como que a nadie jamás le interesó Boca…”- fueron las últimas palabras de Juan Pascual pronunciadas con mal disimulada pena…”Que estas palabras de Pascual no trasciendan -sugirió Grondona- sino esta noche van a golpear las puertas de Viamonte todos los clubes del país…Nosotros ofrecemos seguridad, no plata ni menos avales…” Firmaron, se abrazaron, se agradecieron, se saludaron, y se fueron, menos Don Federico. Espió por la ventana. Sólo se habían ido los de Wanderers, pero los otros, los de los exhortos, habían acampado al pie del mangrullo. Ya se caía la tarde. Se caía todo, pensó don Federico. Desde una ventana semientreabierta pudo leer en un enorme cartelón: “no nos vamos hasta que nos pague, de lo contrario le prenderemos fuego al fortín…”
Don Federico se repantigó en una silla de cuero crudo –por eso no pudo repantigarse a gusto- dispuesto a conciliar el sueño. A poco se lo oyó musitar, muy quedo…” ¿Y esta es la mitad más uno? Hinchada es la de Racing, cuando subamos a la A, los matamos a pelotazos… ¡La mitad más uno!

Domingo Corigliano apagó el televisor, bebió el último sorbo de whisky y se acostó. A poco roncaba beatíficamente.
Por más que sea la mitad más uno, Polak se quedó solo”. Osvaldo Ardizzone. “Y Don Polak vio como todos huían del pobre Boca”.Tiempo Argentino 9 de diciembre de 1984.

*Material utilizado en el libro en construcción “Boca. De Armando a Macri. Memoria del Interventor”

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