Desarrollo o Hambre (Tercera Parte)

El espejo en nuestro país del desarrollismo de Juscelino Kubitschek fue Arturo Frondizi, quien accedió a la presidencia el 1º de mayo de 1958. La Argentina enfrentaba una recurrente crisis política, institucional, económica y social. Nueve años de peronismo habían sido interrumpidos por la Revolución Libertadora, que encarnaba una concepción de fuerte confrontación con el peronismo que quedaría arraigada para siempre en la historia, y se constituiría en el primer antecedente mediato de lo que décadas después desembocaría en la violencia armada y en la más brutal de las represiones. La economía se encontraba en franca decadencia, perdida ya la oportunidad que significara para el país el fin de la segunda guerra mundial. En el campo social, los trabajadores, que habían accedido a reivindicaciones innegables desde 1943, quedaron excluidos de participar en política porque su partido, el justicialista, había sido proscrito.

El país estaba dividido en dos. Se necesitaba de mentes claras y proyectos lúcidos para poner en funcionamiento una estrategia que lo sacara de esa encrucijada.

Frondizi prometió desarrollo, paz y legalidad. Eran promesas difíciles de lograr: su partido estaba dividido por la escisión de 1956, el peronismo prohibido,  y el partido militar se había convertido en una corporación de poder activa, insoslayable y retardataria.

Frondizi había pronunciado durante la campaña electoral veinte célebres discursos programáticos. Días antes del 23 de febrero de 1958, fecha en que ganó la elección, pronunció su “Mensaje a veinte millones de argentinos”, sosteniendo que su candidatura no era un “expresión exclusivamente partidaria sino la solución integradora que permitirá el encuentro de millones de hombres y mujeres que no militan en las filas del radicalismo intransigente (…) Nuestro mensaje no va dirigido solamente a los correligionarios de todo el país (…) sino a cuantos anhelan como nosotros, que el país encuentre el rumbo de su realización nacional bajo el signo de la paz, la justicia y la libertad (…) No haremos un gobierno partidista, nos hemos fijado un programa nacional y popular para la Nación como Nación y no para el partido, que el país conoce y del que nada ni nadie nos cambiará”.

Venido de la vertiente intransigente del radicalismo, Frondizi suponía la continuación de las ideas y la militancia de Moisés Lebensohn, orientadas a la reconstrucción institucional del país, y a la edificación de una Argentina nueva. También importaba una continuidad de la manda de Hipólito Yrigoyen, enmarcada en la historia de un partido que siempre había manifestado su preocupación por la social, característica desdibujada a partir del año 1945 por quienes desembarcaron en él sólo para enfrentar al peronismo, sin que reconocieran a la igualdad como una bandera democrática, alejados de la relación con los humildes, lo que había distinguido a la UCR desde fines del siglo XIX. A esas banderas les agregaba Frondizi la integración nacional, concebida como la categoría apropiada para abarcar y armonizar en una universalidad a todas las regiones, grupos sociales, actividades económicas y corrientes ideológicas y políticas. Juan José Real decía a ese respecto que la integración le confería al proyecto un destino común, que era la independencia nacional.

Las promesas de Frondizi no parecían las de un iluminado (crecer cincuenta años en cinco) como las de Kubitschek; pero sí sólo las de un idealista que no podría implementarlas, según la predicción más común de la época.

En sus casi cuatro años de gobierno –al que accedió venciendo fuertes resistencias militares, y en el que soportó planteos de todo tipo y ofensivas que lo pusieron al borde de la destitución (por ejemplo, ya el 11 de mayo, a diez días de su asunción, Ricardo Balbín hablaba de golpes de estado que, según él, se “cocinaban” en los propios despachos oficiales)- para el logro de sus tres objetivos fundamentales de paz, legalidad y desarrollo, promovió una amnistía, la ley de asociaciones profesionales, quebró la decadencia económica y productiva, y afrontó memorables batallas como la del petróleo que, contratos mediante, condujo al autoabastecimiento finalmente logrado. La lectura de sus mensajes presidenciales, que en cinco cuidadosos tomos editó alguna vez el Centro de Estudios Nacionales, constituye un verdadero programa de gobierno y una doctrina que jamás debió haberse abandonado.

Su política internacional tuvo el signo de la defensa de la libertad y la independencia de los pueblos; se trataba de una política exterior que reconocía los genes de neutralidad instituidos por Hipólito Yrigoyen. Esa política exterior independiente tuvo un punto de inflexión en las relaciones con los Estados Unidos, en el diálogo e iniciativas conjuntas con Brasil, así como en la posición argentina respecto de Cuba y su proyecto de desarrollo inclusivo, tema al que se volverá en próximas entregas de Desarrollo o Hambre.

Frondizi abrió la Argentina al mundo y la insertó en él. Nunca antes un Presidente argentino había viajado al extranjero con la frecuencia con que él lo hizo, no sólo para liberar las fronteras a misiones comerciales, sino, en lo esencial, para desarrollar su doctrina en los más altos foros internacionales. Fue recibido por el Congreso de Estados Unidos en sesión conjunta, en su gira norteamericana (más tarde incluyó en sus visitas a Canadá), le habló al mundo desde las Naciones Unidas, desembarcó en Europa, y hasta llegó a Japón y a la India.

El 29 de Marzo de 1962 cayó el gobierno del más importante estadista de su época, el de la forja del desarrollo inclusivo, el promotor de las batallas del petróleo, la siderurgia, la energía, el acero, el caucho, la paz, la buena administración y, desde luego, la distribución con equidad. Frondizi, tras más de una década en la que la Argentina permaneció aislada del mundo, diseñó un proyecto de país hacia fuera, pero integrado hacia adentro, colocándolo por una vez en el mapa de la importancia. “Argentina speaks to the world” afirmaba la tapa de la revista norteamericana Time en ocasión de su discurso ante la Asamblea de la UN, cobertura periodística por entonces única en la historia nativa. Fue impulsor de la modernidad, cuando esta aún no había sido concebida como factor de crecimiento institucional. Robert Potash supo intuir que quizás el país no estaba preparado para semejante cambio, y tal vez hubiese sido mejor un primer turno de radicalismo tradicional, seguido después por ese radical desarrollista, antiguo dirigente de la Liga por los Derechos del Hombre, intolerable por entonces para ciertas camarillas cívico-militares que precipitaron su caída, espantados por su decisión de levantar la proscripción del peronismo, la visita de Ernesto “Che” Guevara y su política internacional independiente.

La concepción del desarrollo como agente de progreso no fue entendida por las generaciones posteriores, por lo que la nación se precipitó hacia la decadencia. Frondizi es elogiado hoy  por vastos sectores políticos, incluso por aquellos que asignan un rol de menor cuantía a las políticas activas del Estado, en las cuales basó el ex presidente su proyecto de transformación nacional. Se trata de una admiración quizás hipócrita, y de seguro tan tardía como cruel: casi medio siglo después de su caída quedan sólo rastros del proyecto que liderara acompañado por la UCRI y por lúcidos dirigentes nacionales que provenían de distintas líneas de pensamiento, como Rogelio Frigerio, perseguidos por ello después durante décadas.

Por lo tanto –se trata de consecuencias obvias- hay en la Argentina menos trabajo, más pobreza e indigencia, más hambre y desesperanza. Como se verá más adelante en próximas entregas de esta saga, se produjo en los años 80´ otro intento lúcido para salir del estancamiento, al que tampoco lo acompañó la suerte. Pero antes de su tratamiento deberemos detenernos sobre el primer período de la Revolución Cubana (1959/61), y después adentrarnos en la tarea de desentrañar la verdadera esencia del concepto de desarrollo y progreso.

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2 pensamientos en “Desarrollo o Hambre (Tercera Parte)

  1. Federico G. Polak Autor de la entrada

    Gracias Buda por tu comentario. Otro agradecimiento por tu objetividad de siempre cuando hacés referencia a Arturo Frondizi desde tu virtuosa mirada radical de impronta sabattiniana. Y un gracias final por seguir con nosotros en El Tonto y los Sabios

  2. Oscar Eduardo Torres Avalos

    Hay datos que no responden a la vera historia, sin negar las virtudes del presidente Frondizi. Por empezar la UCR nunca desdibujó sus banderas sociales, es más durante la dictadura peronista (de indudable corte fascista),promovió la legalización del derecho de huelga a lo que el Perón de las “conquistas sociales” ivariablemente se opuso recién se pudo incorporó a la Constitución en 1957(art. 14 bis). La UCR nunca observó, todo lo contrario, la política de desarrollo como polìtica de Estado, disintió con el gobierno frondicista en su instrumentación pues una cosa es el desarrollo y otra los elementos que lo constituyen. Revísemos los documentos del Comité Nacional y del boque de la UCRP y se comprobará lo que digo. Incluso repasemos los discursos del diputado provincial de la UCRP, Raúl Alfonsín y se corroborará esta opinión. El tiempo ha pasado y desde la historia nadie puede negar las virtudes del gobierno del Presidente Frondizi, aunque puedan ser reprochable ciertos actos de su conducta política.

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