Skeeter

The Help es una novela de Kathryn Stocke. Fue un éxito de ventas. La película también. Los españoles la llamaron Criadas y Señoras porque trata sobre la situación de extremo abuso laboral de las trabajadoras domésticas negras empleadas por familias blancas, en Jackson, Mississippi, durante los años 60. En Hispanoamérica lleva el incomprensible nombre de Historias Cruzadas, tal vez tomado de Vidas Cruzadas, otra película sobre el racismo cuyo título original era mucho más apropiado al argumento: Crash.

Eugenia Skeeter Phelan es una chica de clase alta (pertenece a una familia sureña rica en plantaciones de algodón), criada por una negra. Ha compartido su infancia con peones y empleados negros. Después irá a la universidad, dejando a sus amigas dedicadas a encontrar novio, casarse, tener hijos, y tratar a los negros como si todavía fuesen esclavos, en el marco de las leyes racistas del Gran Estado de Mississippi. Quiere ser escritora, se emplea en un diario local, y comienza a entrevistar clandestinamente a las empleadas domésticas negras, the help, enfrentándose a la vieja sociedad estúpida y racista a la que siempre perteneció. Cuando el libro con sus reportajes aparece, se quiebran los últimos lazos. Su noviazgo con un joven apropiado se desvanece, pelea con su vieja amiga Hilly Hoolbrok (el más repugnante de los personajes), y se asombra cuando su madre Charlotte, a quien le ha tocado lidiar con la rebeldía de Skeeter y con un cáncer que la lleva a la muerte, abandona su sueño de que su hija sea como ella (una venerable dama aristocrática), se suma a su causa y echa a Hilly del porche de la casa. Charlotte lo explica orgullosa sobre el final de la trama en una escena que por sí sola justifica la filmación de la película: “A veces el valor se salta una generación. Gracias por traerlo de regreso a nuestra familia”.

Contemporáneamente – años más o menos- a que Eugenia Skeeter Phelan abandonara la comodidad de una vida plácida durante el resto de sus días y se enfrentara al club de su pertenencia, Arturo Frondizi asumía en la Argentina como presidente. Tenía 49 años y por cierto había vivido una vida plena: la infancia compartida con varios de sus trece hermanos en el Litoral, en el seno de una familia de inmigrantes italianos con valores tradicionales (trabajo, decencia, cultura, ideas), la juventud mezclando su avidez por el conocimiento con la práctica del fútbol y el boxeo, la carrera de derecho en la Universidad de Buenos Aires; más tarde, en 1932, el amor. El 6 de septiembre de 1930 provoca su ingreso a la política activa, la defensa de presos políticos, la lucha por los derechos humanos, el ascenso en los cuadros del radicalismo, la diputación nacional, la presidencia del partido, el célebre discurso por Radio Belgrano del 27 de julio de 1955.

Cuando la Revolución Libertadora depone a Juan Domingo Perón, Frondizi pasa a constituirse en la figura de la política argentina, por variadas razones, pero en especial por su prestigio intelectual y su límpida trayectoria sin máculas. Es considerado ya un modelo de estadista. Tanto que Rafael Greco publica en 1956 un libro titulado “Frondizi no puede ser presidente”, en el que al compararlo con los dirigentes de la época, concluye que sus ventajas son inmensas, pero se diluirían en el marco de la lucha del poder y por las tentaciones de personalismo de sus seguidores que lo cercarían en la presidencia. Greco lo prefiere en cualquier otra posición pública, pero no allí. Tal vez lo quiera asesorando a un Ricardo Balbín presidente, quizás ese haya sido su deseo. El mismo Frondizi supone algo parecido. Se lo dice a Eduardo S. González, Tito, quien lo pone en blanco y negro en sus memorias. Enrique G. Bulit Goñi recoge el episodio en un lúcido análisis sobre Frondizi que sitúa al ex presidente como “un hecho de la cultura nacional” en sí mismo.

Frondizi gana las elecciones. Queda fuertemente limitado por las FFAA, con el peronismo proscripto. Una opción es no aceptar asumir en esas condiciones. Puede alegar razones morales, quedar tranquilo con su conciencia, ennoblecido ante la sociedad, y sentarse a esperar una mejor época, transformándose en un héroe civil. O puede elegir ejercer el cargo, pero abocándose sólo a la defensa de las instituciones, al cumplimiento de las formas republicanas, a instaurar el tema de los derechos humanos que fuera su bandera, hacer una presidencia decente y austera. Llevar su gobierno despaciosamente hasta cumplir el mandato, lidiando con la resistencia peronista. Esto es, no enfrentar los problemas reales: qué hacer con el peronismo mayoritario, y cómo salir del subdesarrollo. Los gobernadores pertenecen a su signo político. Todos los senadores también. Domina la Cámara de Diputados. Eso puede hacerlo. Sin que le vaya la vida en ello.

Pero en este caso puntual de la historia nativa, también el valor se salta una generación. Frondizi toma una decisión que se llevará puesta su propia vida. Sabe que podrán tumbarlo todos y cada uno de los días, pero no duda: aprieta el interruptor y la Argentina, que parecía definitivamente apagada, se enciende. Literalmente. Da inicio a un proceso revolucionario de desarrollo y de integración nacional desconocido hasta entonces. Bajo la consigna de Paz y Legalidad para todos (en una época en que hasta la palabra peronismo estaba prohibida), piensa, usa del método, diagnostica, planifica, abre al mundo una nación encerrada en sí misma por décadas. Al mundo de la coexistencia pacífica, y del capital extranjero. Sabe que el subdesarrollo es una condición estructural de un país, que no se mide por el índice del ingreso nacional por habitante, sino la incapacidad de financiar el desarrollo sostenido. Transforma la estructura económica (industria, energía, ferrocarriles), la educativa, la concepción de las relaciones internacionales robustecidas por actitudes impensadas que toma en tiempos de Guerra Fría (Cuba y la OEA, la visita de Ernesto Guevara etcétera), aunque no deja de hacer aquello que se esperaba de él como presidente de la UCR: respeto institucional, inauguración de una política de DDHH (la instauración del Día Internacional de los DDHH el 10 de diciembre en Argentina es de su impronta), en tanto se defiende del jaque perpetuo del militarismo. Corre líneas paralelas, pero no idénticas, al fenómeno del desarrollismo brasileño.

En el intento pierde su vida, que ya no podrá recuperar. No su vida física, sí aquella que tenía con la compañía tranquila de su bella familia, la militancia partidaria, el prestigio de legislador combativo, la fama de escritor fogoso por Petróleo y Política, las lágrimas de millones de radicales por aquel discurso del 27 de julio.

De sus zozobrosos  cuatro años de gobierno y de su sacrificio personal, la historia recogerá poco. Y el país, nada. La revolución del desarrollo se abandonará. El atraso, la miseria, la pobreza, la violencia, la represión apresarán a la Argentina en las décadas posteriores a su gobierno. Habrá intentos para reivindicar su revolución desarrollista desde otros gobiernos posteriores, en especial en materia energética, pero el subdesarrollo continuará inalterablemente siendo el dueño del paisaje.

En Brasil no. Lo que se inició en 1956, con altos y bajos, nunca se abandonó. Hoy es uno de los países más grandes del mundo. Cuando antes era menos, hoy es más. Mucho más.

Recién a cincuenta años de su apresamiento y caída, el coraje de Frondizi comienza a valorizarse. Si viviese aún, diría que llegará un tiempo en que se retome el estudio, el método, la investigación, el diagnóstico de la situación, la planificación. Una secuencia de aprendizaje que enseñe que subdesarrollo no es en sí una mala palabra ofensiva, sino apenas la descripción de una mala situación.

En cambio, la bravura de aquellos que el personaje de Skeeter representa, contribuyó a que los norteamericanos blancos tuviesen que acostumbrarse a convivir con los norteamericanos negros. A compartir sus diferentes culturas. Tuvieron incluso que dejarlos meter sus narices en la política. Permitir que ocupasen cargos públicos, que gobernasen.

Y hasta que un presidente negro aspire a su reelección.

10 pensamientos en “Skeeter

  1. FELIX SERGIO DEL DUCA

    como siempre nos inunda de conocimientos con estos relatos.; mezclando la literatura, el cine y la politica dejando ver que la vida se da así todo junto. GRACIAS

  2. Federico G. Polak Autor de la entrada

    Pedimos disculpas a Federico Barlado, Luis Cevasco y Jorge Karakasis por no haber respondido a tiempo sus comentarios y apuntes referidos a Arturo Frondizi y el intento frustrado de su revolución desarrollista.

  3. Federico G. Polak Autor de la entrada

    Agradecemos todos los comentarios, incluso el de Tato Damario que nos parece un tanto desubicado. Nuestro coordinador principal contestara los otros en breve. El de Damario no merece otra cosa que recomendarle que recapacite

  4. Tato Damario

    La peli es buena, medio dulzón el guión, pero en especial las mujeres están de rechupete como diría el abuelo Jorge. Las blancas, todas, la que perdía los hijos impresionantemente buena, infernal. Las negras todas feas, no hay en la peli ni una para rescatar. Eso es bien creíble, porque eran la servidumbre míserablemente pobre del Sur.

  5. Eduardo Freyre

    Linda semblanza. Mi padre no quería a Frondizi, decía que era sinuoso y pactista. Pero de viejo volvió a valorarlo, en especial por lo que apunta Polak, sobre que si hubiésemos seguido el ritmo desarrollista hoy Argentina estaría a la par de los brasileños.

  6. Jorge Karakasis.

    KIKO POLAK: Muy bueno tu recordatorio sobre el accionar y conducta del ilustre Arturo Frondizi; sin ninguna duda uno de los próceres de nuestra Nación que de existir el «Juicio de Residencia» saldría indemne de su sentencia.- Jorge Karakasis.-

  7. federico baraldo

    Distinguido Federico
    Tu relato, con perdón por término tan devaluado, es tan inteligente como revelador. El parangón con la excelente trama que protagoniza Skeeter corresponde a quien sabe manejar las ideas.
    Tuve oportunidad y el honor de conocer al Dr. Frondizi y visitar su domicilio en dos o tres oportunidades, más de dos décadas despues de la absurda maniobra que terminó con su gobierno.
    Estaba afectado por la dolencia que perturbó sus últimos años, pero deslumbraba con su lucidez y sentido común.
    Muchas gracias por tu aporte.
    Un abrazo.

  8. Luis Cevasco

    Gracias por la semblanza y la comparación. Dicen que decía Napoleón que quien está adelantado a su tiempo está equivocado. Habrá sido eso? Creo que Fondizi fue un iluminado entre quienes querían la oscuridad y que todavía prevalecen las sombras. Luis Cevasco

  9. Euskal du Nak

    ¿Vio doctor Polak lo malo que es ser permisivo? Los norteamericanos consintieron que George Washington Carver estudiara, se graduara en el Instituto Tuskegee, de Tuskegee, (Alabama) y llegara a ser un científico, botánico, educador e inventor que trabajó el concepto de extensión agraria, para que los ex esclavos afroamericanos como él pudieran vivir dignamente del producto de la tierra. Después de éste apareció otro afroamericano llamado Barak Obama, se graduó en la Universidad de Chicago (que no es gran cosa) y así está, de Presidente. Los argentinos, en cambio, consintieron que María Estela Martínez Cartas fuera Presidente y así están.- Euskal du Nak

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