Historias de Viajero. EL JUGADOR DE DAMAS

El juego de damas. Casi desconocido por la juventud actual y sin embargo de gran atracción de nuestros mayores a su temprana edad. Siempre sostuve la teoría que hay algunos individuos en el mundo que encuentran esquemas de trabajo para ganar su sustento, que le aseguran una excelente calidad de vida cotidiana, sin que ello necesariamente implique muy elevados ingresos o el manejo de grandes fortunas personales. Por el contrario, la presión que ejerce la riqueza sobre su poseedor, usualmente le depara una muy pobre calidad de vida, al menos en lo que es realmente esencial para el ser humano.

Siempre presté extrema atención al recorrer el mundo en detectar, y sanamente envidiar, a aquellos individuos que lo lograron, pero nunca imaginé, que un excelente exponente de ese modelo, sino el mejor, iba a resultar ser un sencillo jugador de damas.Fin de temporada de verano en Niza. La multitud de turistas, intensa durante todo el año, decae ligeramente en ese período, y la ciudad es más disfrutable por la mayor comodidad de sus descongestionados hoteles, playas y calles.Una céntrica calle peatonal de corta extensión es permanentemente recorrida por todos, ya que constituye un clásico punto de observación de otra gente, de consumo de comidas de variado tipo, y de compras de los infaltables suvenires del viaje. Particularmente la zona cobra más vida a partir del mediodía y primeras horas de la tarde, y llega su máximo esplendor al atardecer y primeras horas de la noche.

Precisamente, almorzando al fresco en un coqueto restaurante italiano y observando el paso de una innumerable cantidad de turistas, descubro la llegada a pocos metros de un individuo que saluda cordialmente a mozos, comerciantes y demás habitantes del lugar. Mientras entabla animadas conversaciones con varios de ellos, un adolecente comienza a desplegar sobre la vereda un par de caballetes, apoyando sobre ellos una lustrosa tabla rectangular de madera de unos tres metros de largo. Cuatro sillas plegables se colocan a uno de los lados de la improvisada mesa, y cuatro tableros de damas, con sus respectivas fichas, se instalan cuidadosamente sobre la tabla con una cajita de cartón a su lado.

El hombre se para al otro lado de la mesa, y coloca un diminuto cartel por el que invita a jugar damas con él, con el solo requisito de apostar dos euros por partida. Monedas que cada parte arroja en la cajita antes de iniciar el juego. ¿Sencillo, no? Durante los tres días que estuve en la ciudad, en mis frecuentes paseos cotidianos por esa calle, siempre lo encontraba jugando en simultánea, con no menos de dos o tres tableros. En más de una ocasión, lo descubrí con los cuatro en plena actividad. Además, diría que salvo en muy excepcionales ocasiones, el hombre siempre ganaba la partida. Su ocasional adversario ante la derrota, intentaba invariablemente su desquite en dos o tres oportunidades más, cada una previo depósito de los dos euros en la mágica cajita. Lo estudié detenidamente en varios momentos, algunos de los cuales se prolongaron por un par de horas pese a las airadas protestas de mi esposa, que obviamente le interesaba muy poco las aventuras y desventuras sobre el tablero, frente al universo de opciones de paseos y compras disponibles en la ciudad.Yo, imperturbable, aún ante una latente amenaza de divorcio, seguía atentamente el movimiento de mi amigo jugador, haciendo como todo buen hombre de negocios, mentalmente el cálculo de sus ingresos monetarios con esa tan inocente y entretenida actividad laboral. Desde las 2 PM hasta las 9 PM, hora en que habitualmente su ayudante recogía con cuidado y sin prisa todos los elementos y los guardaba en una casa vecina, desarrollaba yo diría unas 6 partidas promedio por tablero por hora, con una media de tres tableros en actividad.Siete horas diarias netas, dieciocho partidas-hora, dos euros la partida, 90% de victorias, 30 días al mes.  Hagan cuentas y verán que el número final ofrece un muy interesante valor total para cada mes del año. Durante sus pausas, o esperas de las jugadas adversarias, tranquilamente conversaba con ocasionales transeúntes que se detenían a observar las alternativas del juego, y que luego tentaban suerte en el tablero.

Apenas superando los 50 años, alto, delgado, con aspecto del hombre que recorrió suficientemente el mundo, y con facciones y mirada del que finalmente encontró su lugar. Vestido correctamente aunque con cierto desgano, excepto por la impecable gorra de capitán de velero que lucía con natural elegancia. Perfecto manejo del inglés, francés e italiano. Mi fantasía completaba su actividad cotidiana, imaginándolo a la noche en una prolongada cena con amigos en algún viejo restaurante del puerto de Niza, de esos absolutamente inalcanzables para el turista, para recién a la madrugada, dormir con adecuada compañía, en alguna de las pequeñas y antiguas casas de la zona.Su actividad al día siguiente, como siempre, comenzaría tarde.Vivir en una espléndida ciudad como Niza; interactuar cotidianamente con las culturas de personas provenientes de todos los rincones del planeta; mantener vigente la frescura e inocencia de un juego como el de damas; desplazarse con calma en la cotidiana caminata de la vida; saborear cada momento con plenitud y sin exageraciones; y obtener de todo eso lo suficiente para vivir bien, es lo que me hizo celebrar ese encuentro e intentar desde ese entonces aplicar un similar esquema en mi propia vida.

Varios años ya pasaron, y no obstante mis denodados esfuerzos, no conseguí ganar partidas de damas en todo este tiempo ni siquiera a mis pequeños  nietos.

Sigo intentándolo, a pesar de todo.

4 pensamientos en “Historias de Viajero. EL JUGADOR DE DAMAS

  1. Federico G. Polak Autor de la entrada

    Adolfo, excelente síntesis de la historia la tuya. El autor es Simón Gozar, no yo. Hoy me sucedió algo parecido con Federico Baraldo. Compartiendo un grato almuerzo, recordó una carta de lectores a la La Nación referida al «Gordo» Sauce y los hectolitros de whiskey que había consumido. que me atribuyó, cuando en realidad era de Gozar, no mía. Abrazo

  2. Adolfo Tamini

    Lindísimo cuento Federico. La descripción del jugador es muy sugerente, por lo que se cuenta respecto del día y por tu fantasía respecto de la noche. Encantador¡¡¡

  3. Federico G. Polak Autor de la entrada

    Gracias Sy por esta nueva historia de viajero que has incorporado al blog. Es tan buena como aquellas que nos contabas sobre posavasos de dificil adquisición, negociaciones marroquíes, o vinos italianos. Un deleite leerlas. Abrazo

  4. Alberto Kosakoff

    La resolución matemática de este juego data del mes de julio de 2007. Un artículo de la revista Science demostró que si ambos jugadores hicieran el juego perfecto matemáticamente, sin errores, la partida terminaría en empate. Esta en Wiki muy bien explicado, bueno más o menos quiere decir eso, o algo así, no como en el juego de ajedrez (chess), que no sucede así porque el ajedrez no se puede jugar matemáticamente.

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