Victoria Ocampo, en estos días

Descienden del auto y no pueden creer la enorme cantidad de gente que hay. Victoria se vuelve y por la ventanilla le recrimina al chofer: ¡¿Usted nos trajo a la cancha de Boca?!… No, no, es acá donde se retira el documento, vaya y pregunte. Y el taxista se raja, antes de que ellas se den cuenta de que le pagaron de más. Silvina, tímidamente y por hablar, dice: Vos me dijiste que era simplemente pasar y retirar y listo, luego tomábamos el té… Victoria la mira desde arriba: ¿querés callarte?, y avanza al barullo. Un portero sin posibilidad de prenderse el saco, mirándole sobrador ese alado sombrero negro y esos anteojos blancos de ridícula vieja roquera, la frena y mandonea: El comprobante, si ya hicieron el trámite quiero ver el comprobante… Y le guiña el ojo sin dejar de mascar el chicle con la boca abierta. Victoria está por hablar fuerte cuando Silvina muestra el papelito y calma al gorila que las deja pasar entrecerrando una mirada de amor perverso. Pasan. Silvina advierte: ¿Está fuerte, el gordito, eh?… No me jodas, ¿querés?, esto es Mondo-Cane, ¿te acordás cuando arrastraban al perrito chiquito y del otro lado de la alambrada millones de perros callejeros le ladraban y por fin abren la puerta y lo echan adentro?… Por si hiciera falta, Victoria explica que se siente como perrita de departamento tirada en un nido de víboras. Silvina la calma y le recuerda que ella sabe ya de estas cosas. ¿No te acordás de que estuviste dos días de huelga de hambre en la comisaría y te pasaron a la cárcel El Buen Pastor y viviste un mes entre putas y chorros?, supongo que algo habrás aprendido… Hablá como la gente ¿querés?, no te rebajes. No me rebajo, te estimulo, porque veo que esto más que un recreo carcelario es una cola más larga que la muralla china, ahora me doy cuenta, una cola en círculo, ¿dónde estará el último?… Cruzan filas, y por fin llegan a ponerse detrás del último. Preguntan: ¿Ésta es la cola para retirar el documento?… No, mirá si va a ser la cola para comprar dólares… Charlan y el muchacho les dice que hay tanta gente debido a las elecciones. Mira la hora, Victoria; quiere irse y volver otro día. Silvina le dice: ya que estamos… Otean el esgunfiado panorama y viendo el cielo blandiendo puñales lamentan no haber traído paraguas. Hay chicos corriendo a las palomas; mujeres amamantando bebés; gente que come en bandejas de plástico, que fuma, que se sienta alrededor de las plantas; otros van a la cafetería y traen sánguches y gaseosas. De a poco la cola se va moviendo, pero pareciera que no debido a que no deja de llegar gente. Victoria anota detalles en su libreta. Su hermana le pregunta para qué… Por si luego se me ocurre escribir algo, la verdad, che, siendo vos la talentosa cuentista deberías vos tomar nota de lo que escribirás… Dante nunca tomó notas. ¿Cómo lo sabés?… Qué sé yo, creo… Bueno, Ortega, Mallea y La Rochelle tomaban notas, y yo las tomo para darle una mano a quien ahora se está ocupando de nosotras. Suenan aplausos leves, enseguida todo el mundo aplaude porque se ha perdido un chiquito que no deja de llorar. Victoria piensa que esos acondicionadores amontonados en las paredes parecen forúnculos. Aparece la madre, le da un bife y lo lleva colgado de un brazo. Me parece que en cualquier momento se larga la lluvia. Parejitas se sacan fotos y muchos se entretienen jugando en los celulares. Victoria piensa en voz alta: El que no tiene celular tiene auriculares enterrados en las orejas, somos zombies, creo que al fin de cuentas deberé comprarme uno de esos aparatitos, che, y vos también. Tenés razón, mejor dejar la aprensión de lado y aggiornarnos… Pasa largo el tiempo y ya casi llegan al sector cubierto que alguien denomina “la recta final”. Y es así porque en la meta hay una escalera subiendo hasta un cartel que anuncia “Retiro de DNI”. Pasa más tiempo y como todos los que llegan a las escaleras, recién se dan cuenta de que no hay una ventanilla donde entregan el DNI como pan, sino que ahora hay una segunda etapa de ablande. Y entran triunfantes al enorme espacio llenísimo de gente sentada y parada esperando que los empleados detrás de las peceras los llamen. Esperan largo y tupido. Le toca a Victoria. Consigue sentarse y muy atento el muchacho porque la ve fina con esa ropa que bien le cae, pero ve que el documento no le aparece en la pantalla de la compu, así que debe asesorarse y va y viene y habla por el teléfono diciendo que no le aparece un DNI y nadie sabe nada y quizás deba venir otro día y ahí Victoria le dice que no escuchó bien, y cuando él le dice que la semana que viene no habrá tanta gente, Victoria pierde la calma y pega un grito de que yo soy yo y hace dos horas que estoy en la cola y no la vuelvo a hacer ni aunque ¡me hagan un monumento en el Palais de Glace!, ¡ya en otros tiempos me negaron el certificado de buena conducta para sacar el pasaporte!, ni loca vuelvo a pasar lo mismo, ¡me declaro en huelga de hambre otra vez!… Y por lo bajo le dice a Silvina: vos te quedás aquí conmigo, ¿me oíste?… ¿Y a dónde querés que me vaya?, salvo que les pidamos auxilio a Ortega, Drieu La Rochelle, Camus, Mauriac, Huxley, la Woolf, Nehru… ¡Están todos muertos, boluda!… Y no me digas boluda, que me rajo y te dejo sola… Es que se me pegó… Y al punto aparece una espléndida señora que la reconoce y que-sí-que-no quédese tranquila que estamos averiguando. Sabe Victoria que debe acentuar su posición y aclara con voz argentina y perpendicular que ¡ustedes me dijeron por teléfono que ya podía pasar a retirarlo!… Se quita el sombrero y se sienta agarrándose la cabeza; Silvina aprovecha y le masajea los hombros. La gente que esperaba ver un show también se calma y sigue en lo suyo tamborileando los celulares. Por fin alguien se acerca sonriente con el DNI en la mano. Sin declinar la impronta, Victoria agradece expresando que: “Mi única ambición siempre ha sido escribir bien, pero como mujer, y vivir la realidad tocando fondo”. Los empleados sonríen como si entendieran pero entre ellos se ojean interrogantes. Momento que Victoria, arrastrando a su hermana, emplea para despedirse como la dama que es dejándolos atónitos y perplejos. Salen descendiendo las escaleras con la misma clase que la Nélida Lobato finalizaba sus espectáculos musicales en el teatro Maipo. Cargadísimo, el patio ha renovado el plantel humano que acude urgido en busca de la necesaria identidad que el nuevo mundo exige, y como saben que esa doña es la que puso el grito donde corresponde le brindan formidables aplausos. Victoria Ocampo, emocionada, agradece subrayando: ¡Comedia finita est!… Y salen por el foro.

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